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Historia


Uno de los lugares costeros más populares y hermosos de México, donde por tres costados de su bahía la imponente Sierra Madre del Sur llega hasta la orilla del mar, Acapulco goza de una historia romántica y formidable.

En un inicio, Acapulco fue habitado por grupos primitivos. Descubrimientos recientes han surgido en forma de petroglifos que indican asentamientos aproximadamente del año 3000 a.C. Más tarde, un grupo indígena de linaje Náhuatl y antecesores de los Aztecas, llamados los Nahoa, se establecieron en el área.

"El Lugar de las Cañas" es lo que Acapulco quiere decir en náhuatl (acatl: caña, pul: espeso, denso; co: lugar). Sin embargo hay quienes dicen que significa "en el lugar donde las cañas fueron destruidas" de acuerdo a una leyenda acerca de un príncipe llamado Acatl (caña) quien se enamoró de la princesa Quiahuitl (lluvia). Incapaces de consumar su amor, el príncipe Acatl se disuelve en sus propias lágrimas y se convierte en un estanque de lodo donde crecen las cañas. Para entonces la princesa Quiahuitl se había transformado en una enorme nube errante que una tarde flotaba por la bahía. Al ver a su amado, ella también se condensa en agua y cae aplastando las cañas para morir en el estanque de lodo, junto con el príncipe.

Existe otra leyenda que dice que el primer extranjero que llegó a Acapulco era un monje chino con el nombre de Fa Hsien quien visitó el pequeño poblado en tiempos prehispánicos, alrededor del 417 d.C, mucho antes que Cristóbal Colón hubiera cruzado el Atlántico para descubrir América. De regreso en China, el monje relató sobre el hermoso pueblo que llamó "Ye Pa Ti" o el " Lugar de las Aguas Hermosas". Contó de llegar y encontrar a amigables nativos pertenecientes a la rama de los indios Nahoa, con quienes pudo comunicarse a través de buena voluntad y señas. Le dio a los nativos su primera probada de arroz y a cambio le dieron a él tortillas de maíz, venado seco y cerdo salvaje. Les dejó muestras de vestimentas de seda y aparentemente logró cruzar en varias ocasiones más, trayendo cada vez consigo más artículos para trueque. Esta leyenda habla sobre encuentros y comercio tempranos con la cultura china, pero aunque existe testimonio de esto en varios registros chinos, es poca la evidencia física con la que se cuenta.


Después, llegaron los españoles. Un marinero, enviado por Hernán Cortés para encontrar puertos marítimos adecuados, encontró Acapulco en el día de Santa Lucía y nombró la bahía en honor a la santo. Después de la caída del Imperio Azteca en 1521, Acapulco fue conquistado y el dominio español establecido por Juan Rodríguez de Villafuerte. Los exploradores españoles utilizaron el puerto, que virtualmente es el único puerto natural de aguas profundas al sur de San Francisco, para explorar lo que se conocía como los "Grandes Mares del Sur". El sitio era ideal y por tanto lo convirtieron en un astillero donde se construían barcos con el fin de conquistar más territorios; los barcos que fueron enviados a ayudar a Federico Pizarro en su conquista del Perú fueron construidos allí. No obstante, los asentamientos y colonización española inició hacia 1550 y fue entonces cuando los indígenas Nahoa fueron esclavizados y destituidos de su hogar de más de 1000 años. Fue hasta 1599 cuando el Rey Carlos II de España ascendió a Acapulco a rango de Ciudad.

Poco después, Acapulco se convirtió en un importante centro comercial en la ruta de intercambio entre el Lejano Oriente y España. Varias expediciones zarparon de este puerto en el siglo XVI, como la expedición al Sur Pacífico de Francisco Mendoza en 1532. En 1565, Fray Andrés Urdaneta navegó desde las Filipinas y bajó anclas en la Bahía de Acapulco. Se convirtió en el primer hombre en navegar la ruta que viajaría por más de 200 años la famosa Nao de China o Galeón de Manila. Era ocasión para una gran feria de comercio cada que desembarcaba la nave en Acapulco para que la mercancía de oriente (sedas, especies, perlas, objetos laqueados, arroz, porcelana) se intercambiaba por productos originarios de España, México (jitomates, chiles, maíz, plata) y Perú. La plata se negociaba en tales cantidades que las monedas de plata mexicana llegaron a ser, por más de un siglo, la moneda común de los Mares del Sur. No hubo otra línea marítima mercantil que haya durado por tanto tiempo, ni hubo otra así de difícil. El viaje desde Manila hacia el este duraba un promedio de seis meses, pero a pesar de las enormes dificultades que implicaba el viaje, hubo un significante intercambio de gente, cultura, arte y cocina.

El gigantesco tesoro en mercancía y plata que se comerciaba en la feria anual de Acapulco atraía a los piratas, incluyendo a Sir Francis Drake quien escondía sus barcos en la bahía de Puerto Marqués y saqueaba las embarcaciones repletas de tesoros. Los persistentes ataques piratas exigió la construcción del Fuerte de San Diego, el primer fuerte español en todo el Pacífico. La estructura actual, conocida como el "nuevo" Fuerte, fue reconstruida en 1776 sobre las ruinas de una primera construcción destruida durante un temblor.

Acapulco tuvo un papel clave en la independencia de México de España en 1810. Durante la Guerra de Independencia el padre y patriota mexicano, José María Morelos y Pavón, capturó Acapulco y aceptó la rendición del Fuerte de San Diego, el cual había permanecido como el último puesto virreinal en el Pacífico. Los españoles se retiraron de Acapulco en 1815, el Galeón de Manila dejó de navegar, y el vasto comercio de México con el Oriente llegó a su fin.


Acapulco se sumergió en una oscuridad de la cual no pudo empezar a recuperarse por más de un siglo, hasta finales de los 1920s cuando abrió el primer buen camino que lo comunicaba con la ciudad de México. La travesía duraba más de una semana, pero había suficientes viajeros que lo envalentaban para impulsar la construcción del primer hotel en 1934. De allí en adelante, la popularidad de Acapulco comenzó a aumentar. Se dice que la transformación de Acapulco en un principal destino turístico se inició cuando el Príncipe de Gales, el futuro Rey Eduardo VIII, visitó la bahía en una expedición de pesca.

Mexicanos adinerados, escritores americanos, estrellas de Hollywood y europeos del jet-set pronto se congregaron en Acapulco. Fue allí donde Elizabeth Taylor contrajo matrimonio con Mike Todd, John F. Kennedy y Brigitte Bardot gozaron sus lunas de miel, y Frank Sinatra, Judy Garland, Harry Belafonte y el Baron de Rothschild se convirtieron en visitantes frecuentes. Otras celebridades internacionales como Luis Miguel, Julio Iglesias y Placido Domingo, han adquirido casas para su residencia personal en el puerto. Equipos de filmación de cadenas televisivas y compañías de producción de cine provenientes de Estados Unidos, Canadá, Japón, Malasia, Escandinava, Reino Unido, Italia, Argentina, Alemania y Brasil, así como fotógrafos y reporteros de un gran número de publicaciones internacionales, constantemente llegan a Acapulco para registrar su incomparable belleza natural y su personalidad efervescente.

El Acapulco moderno es un grito a leguas del tranquilo pueblo que recibió a las estrellas hollywoodenses y otras celebridades en los 1940s. Donde antes había dos o tres pequeñas casas de huéspedes, ahora hay más de 300 hoteles, y sobre las orillas de sus cerros se encuentran mansiones millonarias con las mejores vistas de la bahía. Hoy en día, Acapulco es uno de los lugares más emocionantes en el mundo que cautiva a aquellos que les ¡encanta jugar todo el día y quedarse despiertos toda la noche!


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